17.1.07

Hombre

El hombre de mi vida huele a leche tibia y caramelo. Justo en el nacimiento del cuello. Por eso te huelo, por si de casualidad eres tú.
Tiene un par de estrellas por ojos que se incendian a la menor provocación, que llenan de luz sus alrededores.
Es sabio, puede hablar de cualquier tema y jamás hace manifiesta mi ignorancia, antes me lleva de la mano y me saca del hoyo en el que vivo.
Es dulce. Y sabe a madera limpia. A madreselvas. A aguas cantarinas, todo junto. Por eso te beso. Para probarte.
Camina erguido, y tiene un pecho poderoso que abriga el mas bello de los corazones. Por eso te toco, para sentirte.
Tiene manos bellas que saben abrirse a quien las solicite. Por eso te admiro. Para conocerte.
Sabe contarme un chiste, y sabe explicarme el funcionamiento del auto. Sabe escuchar los cuentos y las anécdotas locas que le cuento. Por eso las digo, para escucharte.
Puede soportar que cante a gritos en el auto, y que haga berrinches por cosas tontas. Detiene el mundo cuando yo estoy triste, y se preocupa de mis problemas.
No usa una careta. Es transparente como una gota de agua y bello como la aurora.
Quizá no es el más guapo del mundo, pero a quien le importa? Su sonrisa derrite y su mirada calcina.
No es perfecto. Pero no hay nadie como él. En todo el universo.
Domina el tiempo, a su lado se licua como el cielo. Las horas se hacen minutos, y los minutos horas si no está a mi lado.
Domina más de un idioma. El de las miradas. Con una de ellas me dice como está, que necesita, como se siente, me dice que me ama y que mira que bonito está ese cuadro rojo del aparador de enfrente.

Es todo eso y más.
Mucho más... y deseo mas que nada poder encontrarlo.

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